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Salud
La cura de la palabra
03 / 08 / 2018

¡Los médicos también curan con la palabra!


Un pediatra experto en oratoria describe en su último libro el poder terapéutico de la buena comunicación entre los profesionales de la salud y los pacientes. Una habilidad que se puede aprender y que los enfermos no deben dejar de esperar al ser atendidos.


Mirar a los ojos, sonreír, escuchar con atención son cuestiones tan básicas de la comunicación humana que parece, en principio, una obviedad decir lo importantes que resultan a la hora de elegir en manos de quién poner nuestra salud.Y, sin embargo, junto a los grandes avances en diagnóstico y tratamiento de enfermedades y las nuevas pautas que han fijado los sistemas de medicina prepaga, es posible advertir una deshumanización de la atención sanitaria: estas premisas elementales de la comunicación pasaron a un tercer plano.

Corridos por los tiempos, la necesidad de completar formularios o, simplemente, por desconocer la trascendencia que tiene para un paciente lograr una buen diálogo con su médico, no son pocos los profesionales de la salud que parecen autómatas, sin registro del ser humano que se sienta del otro lado de su escritorio.

Los gestos y las palabras correctamente empleadas y atentamente escuchadas adquieren valor terapéutico y se convierten en un factor clave en la estrategia asistencial, remarca.

Un médico seguro, sonriente, empático y comprensivo tiene un valor incalculable en la compañía, el consuelo, el alivio y, muchas veces, la curación del paciente grave, insiste Di Bártolo. "Que su palabra tiene propiedades terapéuticas ha sido repetidamente probado en la bibliografía profesional", añade.

"Existen estudios que demuestran con claridad que mejorando la comunicación también mejoran los resultados fisiológicos".Quizá el principal escollo que debe superarse para privilegiar la comunicación del médico con su paciente es el factor tiempo, que siempre apremia", asegura.

"El consultorio debe ser un recinto inviolable, un diálogo íntimo y personal que no debe ser perturbado ni interrumpido. Es un ideal difícil de cumplir, pero posible de mejorar".